
Patrona de las madres cristianas
Mónica nació en Tagaste en el año 332, cuando el Imperio Romano llegaba a su fin. A los 20 años se casó con pagano infiel, de carácter violento y pasional con que tuvo a Agustín y a otros dos hijos. Mónica afrontó con paciencia y bondad los problemas conyugales y una suegra irascible cuyo afecto fue ganado poco a poco.
Cuando su hijo Agustín desvió el camino del Señor, lo siguió, llorando, llorando por su recomposición hasta Milán, donde Agustín encontró a San Ambrosio y comenzó a prepararse para el bautismo. Santa Mónica llegó a sus 56 años con un último halo de esperanza y tuvo la alegría de ver a su hijo cristiano, iniciando el camino que lo convertirán en San Agustín. Ya era feliz, y su esperanza final estaba entonces en la Vida Eterna. Antes que San Agustín cerrara sus ojos Santa Mónica le dijo a su hijo: “Una sola cosa te pido: Que te acuerdes de mí ante el altar del Señor en cualquier lugar donde te hallares”.
SANTA MONICA SIGUIO A SU HIJO REZANDO POR SU SANTIDAD.
Oración
Señor, que has puesto un signo de tu fecundidad y de tu amor en Santa Mónica: te pedimos por las madres más desprotegidas, por las viudas maltratadas y abandonadas. Ilumina a las sociedades para que legislen a su favor. Amén.